Me encuentro muchos casos de clientes que me dicen: “No mando información a mis clientes porque no quiero ser pesado”.

Hay otros que te confiesan directamente eso de “no mando nada porque es que no sé qué decir”. Eso se traduce en una nula estrategia de contenidos bien se a través de un blog, de email, de redes sociales, etc.

Es normal, venimos de un paradigma de la venta muy agresivo, donde lo importante era vender cuanto más mejor y donde nuestro discurso se centraba en hablar del producto. Esto tenía sentido antes, cuando no había tanta competencia y cuando los impactos publicitarios al día eran escasos. No había apenas ruido.

Pero en los tiempos que corren, el paradigma de la venta ha cambiado. Ya no se trata de vender a saco, sino de crear y cultivar una relación con el cliente.

En este nuevo escenario es donde las empresas se sienten perdidas. No saben cómo adoptar en su empresa el nuevo paradigma de la venta, ese es su verdadero problema. Y es que, para saber de qué hablar a tus clientes, primero tienes que conocer a tu cliente.

A poco que lo hagas, sabrás de qué hablar. El mismo cliente te lo dirá. Pero hay que saber preguntar.

Está claro, hay un miedo generalizado a molestar al cliente, a no saber qué decir. Y entonces improvisamos y ahí, metemos la pata.

Las empresas normalmente en esos casos actúan de tres formas:

  1. Entran en parálisis y al final, no hacen nada lo cual es un error porque la “no comunicación también es comunicación”.
  2. Lo poco que haces es una comunicación comercial, muy de puerta fría y cansina.
  3. Miras qué hace la competencia y haces lo mismo, no siendo tú nada de eso.

La solución en estos casos es saber tener una conversación estratégica con tu cliente. Como solemos decirte, es recomendable hacerlo con ayuda externa, ya que se convierte en un proceso más ilusionante y menos frustrante.

¿Te animas a abrir una conversación con tu cliente y saber por fin qué decir?

¿Improvisando en la comunicación de tu negocio?

Es lo que suele ocurrir cuando dispones de muchas herramientas de comunicación pero ninguna estrategia.

Pararse a pensar en nuestra empresa es difícil, pero no imposible.

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¡Allá voy!