La crisis ha hecho que los presupuestos de comunicación se redujeran o que cualquier presupuesto pareciera caro. Aquí muchos se han apuntado a hacer batalla de precios y eso ha hecho mucho daño, tanto a los que trabajamos en comunicación como a los que necesitan de ella.

Sobretodo si te dedicabas a temas de estrategia, que implican una dedicación personal, una creatividad, que no entiende de promociones; y no tanto a algoritmos o una herramienta escalada masivamente. Se ha tirado mucho de soluciones rápidas y baritas mágicas. Por ejemplo, de herramientas que valen para todos, incluso para empresas que comparten zona geográfica y que se sorprenden a la vuelta de estos años de crisis, de tener el mismo catálogo, la misma página web. Todo justificado con esa expresión de mal vendedor “tienes que estar en Internet porque lo están haciendo todos”.

Pero claro, “estar” no significa “estar bien” o a veces incluso hay que partir de “para qué se está“.

Y ahora se empiezan a recoger esos frutos.

Los dueños/as de estos negocios comienzan a mirarse entre ellos y a ver que, en realidad, han estado improvisando en su forma de comunicarse, han estado comprando herramientas pero nadie se ha comunicado de manera genuina. Ahora no solo ves que tienes la mismas herramientas de comunicación que la competencia, sino que el tono o la intencionalidad de tu comunicación es inexistente.

Quizá ahora que parece que escampa, es un buen momento para considerar una inversión en comunicación. Inversiones que no suponen cifras millonarias pero sí el tiempo para volver a poner sobre la mesa algunos temas nucleares en la empresa: en qué soy bueno/a, qué problema soluciono a mis clientes y cómo voy a contarlo para llegar a él.

Todo conversaciones la mar de interesantes.

¿Hablamos?

¿Improvisando en la comunicación de tu negocio?

Es lo que suele ocurrir cuando dispones de muchas herramientas de comunicación pero ninguna estrategia.

Pararse a pensar en nuestra empresa es difícil, pero no imposible.

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