Hoy comienzan las clases en la Universidad de Alicante. Guardo muy buenos recuerdos de aquella época. Primero porque fue un paso hacia mi ansiada independizacion. Siempre he valorado mucho la autonomía.

Segundo porque fue una época de gran aprendizaje, dentro y fuera del aula. Por primera vez estaba estudiando algo solo porque yo quería, aunque luego hubiera mucho garbanzo negro en las asignaturas. Grandes profesores, y otros muy mediocres; pero en definitiva, una sensación de libertad que me encantaba.

El aprendizaje fuera de clases fue también intenso. Aprender a sobrevivir con un dinero contado, tener que administrar, saber comprar, saber lo que valían las cosas en el supermercado, primeros trabajos. Hasta el momento había vivido bajo el caparazón de la familiar. También el vivir en una ciudad, con gente más distinta de lo habitual, salir de las relaciones de siempre.

En definitiva, como diría Verne, toda una ‘Escuela de Robinsones‘, una experiencia muy recomendable. Aunque, al contrario de su novela, está Escuela de Robinsones no es para valorar luego la vida tranquila, sino para no parar nunca de aprender. Es el principio de itinerario de por vida.