“Al pedir al final del curso algún tipo de valoración, comentario sobre el curso nos encontramos con una conclusión impresionante: descubrir que cada alumno asistía a un curso diferente.

Es decir, el campo experiencial de cada persona es tan diferente que por momentos es muy difícil creer que los relatos entregados se escribieron acerca de lo que, desde un punto de vista externo, era la misma experiencia objetiva: cierto curso con cierto instructor.

Esto implica abandonar para siempre la noción de que un curso significa para todos los alumnos cierto grado de “desarollo” de los temas A, B y C. La experiencia que cada persona tiene del curso es única, y está íntimamente vinculada con su propio pasado y con sus deseos y finalidades corrientes“.

Estas ideas están sacadas el capítulo “La enseñanza centrada en el alumno” de Carl R. Rogers y me parece que recogen exactamente las impresiones que nos genera la Ruta al terminar el taller. Cada alumno ha avanzado desde el punto en el que se encontraba. No hay un rodillo que imponga a todos el siguiente paso, sino que se muestra un itinerario y un pensarse hacia adentro. Hay quienes identifican sus barreras y se quedan ahí, hay quienes deciden que eso puede ser real, y hay quienes deciden hacerse una tarjeta de presentación porque por fin saben qué poner.

Si alguien les preguntara si han asistido al mismo curso sería un poco confuso. Pero se mostraría que el campo experiencial ha sido amplio, diverso y único para cada alumno.