Leyendo a Junípero estos días me doy cuenta de que fue un verdadero relaciones públicas de la iglesia católica en Las Indias, no sólo para convertir infieles, sino para hacer toda una campaña de captación para la fe cristiana. Además, no por la fuerza, sino algo mucho más persuasivo, por lo cultural. Aprender a hablar su idioma, hacer misa unos días en castellano y otros en lengua indígena, hacer representaciones de hechos bíblicos con los propios indígenas, enseñarles técnicas de cultivo, resolver sus dudas místicas, etc. Eso y el incansable esfuerzo de un hombre famoso por caminar leguas y leguas sin cansarse y encomendado a dios.


Por otro lado, hay algo de soberbio en esa conquista espiritual y que se siente a leer estas memorias escritas por su fiel súbdito Palou y es ese “necesitaban ser conquistados” para traerles a camino. ¿Necesitaban eso los indios? Al crear las misiones uno puede pensar que al instaurar nuevas ‘maneras de hacer’ y ‘formas de creer’ se estaban destruyendo o anulando las suyas propias. Es lo que tiene la conquista, esa voluntad de apropiación ya no sólo de la tierra sino nuestra manera de ser.

Seguimos viajando con Junípero, empezamos en Veracruz y vamos por San Diego. Seguimos subiendo.