Somos cíclicos y ahora que termina el año nos gusta mirar atrás y con ello, renovar maneras de pensar, fundar nuevas ideas que desarrollaremos en el año venidero.

Entre estos temas hay uno que se me viene a la mente estos días. Es un tema feo, polémico y difícil de tratar sin parecer un pesetero. Me refiero al precio de nuestro trabajo, del que ya he hablado en algún momento.

Todos sabemos hacer cosas y nos gusta cobrar por ellas porque hay otros que se benefician y porque no hay nada más placentero que hacer lo que te gusta y vivir de ello. Eso de primero.

Pero claro, cuando te relacionas con gente y ves cómo se comportan otros te cuestionas ciertas cosas.

En este año 2016 que acaba, me gustaría añadir al debate de “el precio de mi trabajo” un epígrafe más, y es: ¿Estamos cobrando por ser profesionales?

Es decir, RRPPs pueden estar haciendo muchos profesionales en este momento y cobrando por ellas, pero cuando yo dedico una serie de horas a pulir mi método de trabajo, cuando me encargo de ser una persona perfeccionista para que el cliente tenga la mejor experiencia de consultoría, la mejor experiencia de trabajar con Reding; es decir, cuando yo invierto tiempo en profesionalizarme y en ofrecer cada vez un mejor servicio, estamos cobrando eso?

Porque te das cuenta de que hay gente que no es así, pero que en su catálogo de productos ponen que venden lo mismo que tu, aunque luego tengan unas malas artes o unas artes dudosas para hacer su trabajo. Entonces, si existen malas y buenas artes a la hora de hacer las cosas, y tú consideras que estás trabajando e invirtiendo tiempo para que eso cada vez sea mejor, deberíamos cobrar un plus por eso? Porque luego si el cliente está muy contento contigo pero nuestra hora vale lo mismo, éste es un gran debate.

En definitiva, debemos cobrar más por ser profesionales, porque si no, estamos perdiendo dinero.

Porque tu trabajo deja de ser un trabajo y se convierte en una garantía de algo bien hecho. Y eso a veces lo decimos con la boca pequeña pero quizás hay que empezar a creérselo porque si no, no puede ser. No puede ser que vendas 10 horas y luego te cueste 20 hacer el trabajo. Porque estás ahí, porque si hay que hacer alguna mejora se hace sin problemas, porque lo importante es que el resultado final sea positivo, pero claro, tiene que ser positivo para ambos.

Y cuando un cliente te diga, oye, pero este me lo hace más barato, hay que dejar de competir en precio para empezar a competir por el valor añadido que tú le ofreces. Ya no el valor añadido del producto, sino por el servicio añadido. Porque si nos encaminamos hacia una sociedad de servicios, quizás está ahí la capacidad de competir y la capacidad de aportar un valor real al cliente. Ese cliente que dice, yo invierto tanto dinero al año en comunicación y rrpp pero sé que cuando lo hago es una garantía. Porque si luego vamos a enseñarle a tener unas relaciones de calidad con sus clientes, a lo mejor tenemos que empezar a relacionarnos nosotros de una manera distinta con ellos. Empezar a generar unas relaciones de calidad, satisfactorias y sobretodo, con una garantía de que ahí tienes a una persona trabajando con buenas maneras, siendo profesional y con buenas artes.

Todo esto puede resultar demasiado intangible, pero todos somos capaces de discernir cuando tenemos una buena y una mala experiencia. El otro día una clienta me decía que había trabajado con un profesional de la comunicación. Y le engañó. Le vendió una cosa y luego era otra. Y luego además le tocó a ella hacer todo el trabajo. Claro, ahí por un lado, no había una comunicación clara de lo que se iba a hacer y luego, evidentemente el profesional de la comunicación le estafó, no en el producto porque le entregó lo que le había prometido, pero sí en el discurso. Le hizo creer que la forma de trabajar iba a ser de una manera y luego fue de otra. Eso son malas artes en el servicio.

A modo de conclusión y ahora que estamos a final de año, época de balance, de ver cómo nos ha ido, como nos debería de haber ido, y sobretodo, de cómo queremos que nos vaya en 2017, pienso que poco a poco debemos de ir virando y dejar de competir en precio y empezar a competir en servicio añadido.