Estos días se cumple un mes del viaje que hicimos a la costa oeste de Estados Unidos. Sinceramente, ha sido el viaje más alucinante que he hecho nunca. 15 días en una cultura distinta, con gente tan distinta a nosotros y cambiando totalmente los ritmos y hábitos cotidianos. Qué bien nos ha sentado.

Ya allí y ahora pasadas unas semanas me estoy dando cuenta de lo que quiero aprender de este viaje: otra manera y otras formas de vivir la vida. Por ejemplo, allí hay un estilo de vida, el llamado “americano” con sus cosas buenas y sus cosas malas. Vale, pues yo quiero evaluarlo y llevarme ideas para aplicar aquellas que me gusten en la manera de enfocar mi día a día. Entonces, de alguna manera, este no es un viaje de empresa ni de negocios, pero en realidad, sí es un viaje que va a aportar I+D a nuestro estilo de vida. Es decir, nos va a servir para investigar, desarrollar y profundizar en nuestro estilo de vida. Y en nuestras vidas se enmarca nuestro trabajo. Qué cosas queremos hacer y qué cosas no queremos hacer.

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Evidentemente, yo soy muy consciente de que no voy a tomar decisiones en mi vida según convenciones sociales o porque se supone que es lo que se espera de mi. Ya a mis 32 años mi entorno más cercano sabe, sobretodo, qué NO esperar de mi. Yo quiero diseñarme una vida que me guste vivir y que esté a gusto con ella y a veces, seguramente tenemos que viajar para ampliar nuestro mundo. Porque si sólo conocemos lo que siempre hemos visto, nuestro mundo en realidad es muy pequeño. Entonces creo que un viaje así y viajar en general es una manera de seguir aprendiendo y mejorando, porque te permite ver cosas distintas, maneras diferentes de hacer las cosas y por tanto, maneras de poder mejorar tu vida.

Creo que, si ese es el objetivo de viajar, viajamos poco y deberíamos de viajar mucho más.

En otro post hablaré sobre cómo hay que registrar un viaje para que luego cale en tu vida cotidiana, que no se convierta en un conjunto de fotos sonrientes pero inertes.