Estos días realizamos un Tour por el Centro Logístico de Amazon en San Fernando de Henares. Fue noticia hace un par de años que la empresa iba a permitir a todo aquel interesado conocer sus instalaciones de primera mano. En cuanto salió se colapsó y este mes de agosto abrieron de nuevo el cupo.

Me ha gustado hacer el tour pero lo cierto es que no me ha impresionado. Barajo varios motivos:

1) Expectativas demasiado altas por ser el gran gigante de la logística a nivel naciona e internacional
2) Quizá el hecho de venir de una zona con mucha industria, con ojos acostumbrados a ver naves, metros y metros de exposiciones, fábricas y máquinas muy gordas.
3) Una disonancia entre lo que me han dicho que iba a vivir, la Experiencia Amazon, y lo que finalmente he vivido, un tour por una nave.

La idea de abrir una empresa para que vaya gente a verla, sobretodo un público profesional me parece muy potente. Lo que pasa es que algo ha fallado entre mis expectativas y lo que finalmente he experimentado allí. Creo que el problema es que me han dicho que iba a vivir la Experiencia Amazon poniéndome un chaleco con ese concepto y al final aquello ha sido una explicación de sus procesos, unas notas de corporativismo rancio al final y el regalo de una taza. A ver, la taza me ha gustado y reconozco que con los temas de merchandising se pueden ganar a muchísima gente. Pero si eso es la experiencia Amazon, me he quedado un poco vacía.

La chica ha sido super amable, nos han explicado qué pasa cuando haces click y cómo los productos se mueven por sus cien mil metros cuadrados, pero como que me esperaba un más allá. Y creo que de Amazon me esperaba, con esos grandes presupuestos, un concepto. Quizás el único concepto y que ha sido lo único digamos no terrenal, lo más espiritual que han dicho ha sido que allí todo parece un caos, pero que en realidad hay algo poniendo orden en ese caos y ese algo es su algoritmo. El algoritmo de Amazon es algo que reverencian porque permite que aunque parezca todo desorganizado, en realidad todo está automatizado. Todos los empleados saben lo que tienen que hacer y cómo moverse gracias al algoritmo, desde el tamaño de cartón que tienen que utilizar para embalar un producto hasta la longitud de la cinta adhesiva que tienen que usar.

Entonces la experiencia Amazon se reduce a endiosar a un algoritmo porque el resto eran políticas de RRHH que se pueden ver en cualquier empresa medio moderna. Creo que el fallo es que no podemos llamar expriencia a algo que no lo es. No podemos llamar experiencia a recorrer unos pasillos porque entonces tú me has provocado a mi unas expectativas que no vas a cumplir. Fíjate que entiendo la experiencia Ikea aunque no sea compradora.

Por ejemplo, cuando hice el curso de Astronomía para mí eso sí fue una experiencia porque me enseñaron cosas que no sabía, además estaba inmersa en la lectura de Anatema por tanto lo quería adquirir esos concimientos básicos en el contexto de algo, y luego además, aplicamos eso por la noche y lo llevamos a la práctica. Cada uno vio lo que quiso buscar a través del telescopio, pasamos frio porque para ver planetas hay que alejarse, irse al monte, estar de plantón y aunque era agosto hacía fresquete, pero el sufrimiento tenía recompensa que fue ver Venus, los anillos de Saturno y hablar de que el universo es mitología. En ese caso sí sentí que había experimentado algo, que yo había pasado por unas fases. Pero aquí no. Aquí simplemente me han lanzado una serie de procesos pero no había un trasfondo a la hora de contarlo, no había una vivencia, ha sido como un tour que se podría haber hecho hace 15 años y habría sido igual.

Claro, esto demuestra que las empresas del siglo XXI, sea Amazon o sea la tienda de la esquina, necesitan tener una historia, un relato porque si no eres un cúmulo de procesos. Y una de dos, o no puedes decir que ofreces una experiencia o tienes que creártela. Te tienes que poner ya a trabajar en eso. Con esta visita a Amazon he visto claro que tener un relato no es cuestión de dinero, sino de ponerse a pensar y es que pensar puede ser barato pero no pensar puede ser muy caro.

Amazon es entonces un algoritmo, no una experiencia. Eso sí, me encanta la taza 😀