Las redes sociales son muy peligrosas cuando estamos tristes y empezamos a mirar la vida de los demás, a compararnos, a pensar que nuestra vida es una mierda y tal. Esto está muy claro, hay gente super documentada escribiendo sobre ello y todo entendemos el problema que esto nos genera en mayor o menor medida. ¿Quién no ha mirado de reojo la vida de otro?

Lo que aprendes al final de esto es que ser infeliz viendo la vida de otros no es tanto culpa de los demás, si no un perfecto aviso de que necesitas mejores objetivos o centrarte en aquellas cosas que te gustan. Y esto no es filosofía positiva barata, sino un hecho de lo más realista.

Sin embargo, ser feliz y tener acceso a cuarenta mil redes sociales también es peligroso. Podemos caer en comentarios, subidas de fotos espontáneas, derroches de felicidad “tonta” o comportamientos “rancios” que también son perjudiciales.

Y es que lo que publicamos en internet, ahí queda y lo está viendo gente que en su gran mayoría no te conocen de verdad, quizá coincidistesis un día en una jornada, intercambiasteis poco más que una conversación o un tweet y ahora sabe cosas que quizá deberías dejar para tu círculo personal.

Ante esos ataques de “gritar al mundo tu felicidad” es más aconsejable contar hasta 20 y pensar mejor en disfrutar estos momentos de felicidad con los tuyos o con la gente que realmente está cerca de ti. Irte de cena, abrir una botella de vino, hacer una escapada, hacer un regalo… algo que se quede en tu mundo, no en la inmensa red.

Está claro, es una elección personal, pero cuidado con nuestras rachas de felicidad e infelidad y el uso de las redes sociales, tan a mano en el móvil 🙂