Estos días he terminado de leer “En torno al casticismo” de Unamuno buscando el concepto de intrahistoria para unos proyectos en los que estoy trabajando.

Este libro, una colección de 5 ensayos en los que habla de la España castiza entendiendo castiza como pura y sin mezclas, es una clara crítica precisamente a eso, a la falta de mezcolanza en las ideas. Como dice Unamuno, muchas veces se asocia lo puro a lo bueno pero no siempre es así porque muchas cosas ganan con la mezcla y la combinación de aquello que es diferente. En términos prácticos lo que critica es que las corrientes de pensamiento europeas no llegaran a España por determinados factores. Sin embargo, toca muchos palos y es muy digno de leer para filosofar un poco.
El último ensayo “El actual marasmo de España” es quizá el más directo y potente y el que me ha motivado finalmente a escribir este post.

Unamuno dice cosas que son muy válidas hoy. A veces la sociedad no quiere encorsetar y estamos más preocupados por encajar en el sistema, que dejarnos pensar libremente. Cumplir determinados formalismos, buscar padrinos y mientras tanto, estamos dejando de pensar por nosotros mismos. Una sociedad que cultiva un tipo de jóvenes.

“Bajo una atmósfera soporífera se extiende un páramo espiritual de una aridez que espanta. No hay frescura ni espontaneidad, no hay juventud.

He aquí la palabra terrible: no hay juventud. Habrá jóvenes, pero juventud falta. Y es que la Inquisición latente y el senil formalismo la tienen comprimida. (…) nadie les tiende a tiempo una mirada benévola y de inteligencia. Se les quiere de otro modo que como son; a nuestro rancio espíritu de intolerancia no le entra el dejar que se desarrolle cada cual según su contenido y naturaleza.”

No es tanto una crítica a la juventud, que yo pienso que más que por edad se refiere a los que todavía pueden hacer cosas, sino a cómo funciona la sociedad y cómo ésta da forma a los jóvenes.

Lo que quiero decir es eso, tomando como ejemplo esta situación particular de mi hermana, es decir, una estudiante de Bachillerato que se supone que tiene que empezar a tomar decisiones importantes en su formación y en su educación, todo parece encaminado a que te engulla el sistema educativo ahora universitario encasillándote en un área que parece un camino sin retorno. Si estudias artes tienen que tener muy claro que te gustan sólo las artes, si estudias ciencias tienes que tener muy claro que sólo te gustan las ciencias porque seguramente nunca más volverán a juntarse. Entonces, más que encaminarte hacia el placer por saber más, parece como que es por el placer de encasillarte en algo.

Esa crítica al tipo de joven que estamos creando es la que visto en la crítica de Unamuno, es decir, no hay juventud pero es que la estamos matando porque ese espíritu crítico, esas ganas de saber para desarrollar el sentido crítico es que muere en estos procesos de especialización. Se transmite la idea de que al elegir una carrera te alejará de todo lo demás, creando un desasosiego en la persona, que todavía no sabe si ero finalmente “será lo suyo o no”. Es como apuesta a vida o muerte… y eso me parece un error porque tu futuro no estará en la carrera que elijas sino en lo que hagas cuando salgas de ella. Entre otras, seguir aprendiendo.

Nos estamos cargando a la juventud sometiéndola a ese tipo de situaciones y de decisiones limitantes, prematuras y no sé, ¿Quién sabe lo que a mi me gusta ahora o a lo que me dedicaré?

Y sigue diciendo:

“Se ahoga a la juventud sin comprenderla, queriéndola grave y hecha formal desde luego, como dios a Faraón, se la ensordece primero, se la llama después y al ver que no responde, se le denigra. Nuestra sociedad es la vieja y castiza familia patriarcal extendida. Vivimos en plena presbitocracia (vetustocracia se ha llamado), bajo el senado de los saches, sufriendo la imposición de viejos incapaces de comprender el espíritu joven y que mormojean: “No empujar, muchachos”, cuando no ejercen de manzanillos de los que acogen a su sombra protectora. “¡Ah!, usted es joven todavía, tiene tiempo por delante…”, es decir: “No es usted bastante camello todavía para poder alternar”. El apabullante escalafón cerrado de antigüedad y el tapón en todo”.”

Algo me ha picado al leerlo. En definitiva, un texto muy recomendable para recuperar la capacidad de salirse del rebaño y pensar por uno mismo. Sobretodo, sorprende que un libro escrito en 1895 sobre la sociedad de la época pueda dar sopapos a planteamientos de tanta actualidad. Podría venir como artículo en el próximo dominical y no desentonar en absoluto.