El pasado fin de semana estuve en Orihuela en nuestra particular ruta del running. Pese a la cercanía Alicante nunca había estado y tengo que decir que me encantó.

El rio, la pedazo de montaña imponente en torno a la ciudad, la casa de Miguel Hernández, el Museo de murales al aire libre en el Barrio de San Isidro, el paisaje del palmeral al irnos.

Siempre me han gustado las ciudades con rios o mar, ya sea Nantes o Campello. Me impone y me gusta al mismo tiempo. Y ya cuando juntas eso con enormes moles montañosas ni te digo. Forman paisajes muy chulos, dignos de cualquier postal. Me recordó un poco al paisaje de Jijona, montaña y mar a un tiro de piedra. Son paisajes realmente espectaculares y que tenemos tan cerca que duele no conocerlos más.

El barrio de San Isidro con los murales me dejó alucionada.  Coloridos murales en una zona instalada en la montaña, con cuestas que costaba subir pero que lo hacías por seguir viendo más y más murales claramente reivindicativos pero totalmente integrados en la vida cotidiana de sus habitantes. Me sentí muy guiri haciéndoles fotos mientras un abuelo fumaba en la puerta de su casa, pintada con uno de ellos.

Y luego la casa de Miguel Hernández en la que solo vivió 4 años porque luego se mudó a una más grande (y dónde está!?) quisimos visitar su choza guay no solo la humilde. Porque sí, era humilde pero Juan y yo dijimos que tampoco estaba tan mal. Tenía una buena corraliza y un jardín de higueras que ya querría yo para mi casa.

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A toro pasado nos enteramos que Orihuela es la capitual mundial de los charlatanes. De hecho es la sede del Concurso Nacional de Charlatanes, esos vendedores ambulantes que encontramos en los mercadillos y ferias y que son maestros de la verborrea comercial.

No podría haber venido alguno de estos a mi clase en la UA y habernos darnos unas horas de oratoria? Estos se comían con patatas a más de un profesor 😀