Ayer fui a ver la última peli de James Bond con mi madre. Esto es ya una tradición familiar. Ella es una gran fan de la franquicia y yo, la persona que la acompaña a verla.

Sam Mendes, director de la peli, debería estar preocupado porque mi madre no salió contenta del cine. Decepcionada del todo tampoco. Pero lo diré ya, mi madre es un termómetro perfecto para conocer si una peli de James Bond retrata bien el espíritu de la saga. Y esta se ha quedado floja.

Mi madre es fan del James Bond de Sean Connery, de cuando Ursula Andress sale del agua y del momento gadgets en el que James Bond hace alarde de su humor inglés.

En lo que a mi respecta, para haber sido la misión más importante de James Bond, todo se resuelve muy fácil. Después de más de dos horas hinchando la trama y generando expectativas no puedes salvar el mundo en el minuto final. Porque en esta peli lo que pasa es muy gordo como para que se resuelva tan fácil y rápido.

Eso sí, el comienzo con el Día de los Muertos de Mejico y las diferentes localizaciones son impresionantes.

Esperemos que con el nuevo James Bond sean capaces de reinventar e innovar la franquicia de James Bond que parece agotada desde la últimas tres pelis.

Como franquicia que es, debería ofrecer siempre lo mismo y no menos, al menos es lo que esperan sus fans. Los viajes introspectivos están bien pero la gente quiere tramas bien resueltas.

Mi madre y yo lo sentimos James.