Entre mis lecturas casi diarias sigo un par de blogs super interesantes donde a primeros de septiembre los autores se plantearon un reto: escribir un post todos lo días. No me uní publicamente al tema pero desde primeros de año llevaba pensando que tenía que retomar el blog. Después de madurarlo todo el verano y gracias a los consejos de un amigo… me animé.

Si señores, me ha costado casi medio año tomar la decisión. El trabajo ha sido el principal motivo y la procrastinación ha hecho el resto, además de una gran falta de confianza y exceso de pudor para escribir en público. El caso es que yo he sido mucho de diarios, de escribir mucho en ellos y de abandonarlos también a su suerte.

Este mes escribiendo casi habitualemente o como digo yo “viviendo en modo blog” me ha resultado muy gratificante. Sobretodo por el hecho de canalizar algunas de las muchas cosas que pienso al cabo del día. Lees, escuchas, ves, conectas cuatrocientas cosas al día y no queda escrito en ningún lugar. Eso me da rabia porque luego muchas ideas van creciendo o reconectándose y no tienes a qué enlazar.

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Escribir en el blog de forma más relajada y siendo yo misma sin esperarme a publicar cosas más sesudas o elaboradas, me está ayudando de dos formas:
1. generar autoconfianza en mí misma, es decir, hacer terapia para perder de una vez por todas, el miedo a escribir en público
2. empezar a pensar que podría escribir más en serio para mis clientes

Está claro que lo segundo no iba a llegar sin pasar por lo primero, así que estoy muy orgullosa y de hecho, ya estoy pensando en posibles líneas o series de mi blog. Me hace especial ilusión todo esto porque forma parte de cómo quiero vivir y enfocar mi negocio, esa combinación mágica del offline con el online, de lo digital con lo analógico.

Quizás escribir casi todos los días, sin darle muchas vueltas, es una de esas “técnicas para bajar del mundo de los pensamientos al mundo del editor de textos” que me preguntaba hace ¡¡dos años!!