El otro día escuchaba un podcast donde entrevistaban a Victor Kuppers, consultor y formador en temas de venta.

Me gustó porque hablaba de cómo las ventas es un sector satanizado por casi todo el mundo. Ya el mimsmo hecho de vender se considera negativo. Como decía en el podcast, si un niño tiene que decir en clase que su padre es comercial, todos le mirarían mal o pensarán que es un fracasado. Sin embargo, la venta mueve el mundo. Si ventas no habría movimiento, transacciones, economía, crecimiento, no habría nada.

Pero, ¿cómo entendemos la venta? Si pensamos en la figura del vendedor puede que se nos venga a la mente el típico vende humo, mentiroso, que vendería un peine a un calvo o arena en mitad del desierto. Y seguramente esté más que justificado debido a los años y años en los que gente poco formada y con mucha jeta ha trabajado en este sector.

Lo que me gusta de Victor Kuppers es que trata de dignificar este sector, superar el paradigma del vende humos para dar paso a un paradigma de la venta honesto que lo que gestiona son relaciones humanas y lo hace en clave de ayuda, de servicio y de solucionar los problemas de un cliente. La venta requiere conocer al cliente, conocer tu producto y sobretodo requiere planificación. La venta no consiste en hablar mucho, llevar un buen traje o tener lavia.

Y es que, ¿quién nos enseña a vender? Aprender a vender parece la asignatura pendiente de cualquier plan de estudios. Recuerdo una clase que impartí a alumnos de último año de Publicidad y RRPP en la Universidad de Alicante en la que comentábamos precisamente esto. Nadie nos enseña a vender cuando es una situación más que segura, que nos ayuda a poner los pies en la tierra y que nos hace pensar en temas tan interesantes como precio, valor y muchas otros aspectos de lo que ofrecemos.

Bendito sea este nuevo paradigma que ya no se basan en el sexapil y la improvisación.