Hace unas semanas leía este artículo que habla de cómo convertir pequeñas conversaciones en conversaciones interesantes. Era un artículo enfocado a la gente tímida que muchas veces no sabe muy bien lo que decir en estas situaciones.

Sin embargo, yo en seguida me lo llevé al terreno profesional.

Cuando me reuno con mis clientes y necesito que me expliquen quiénes son y qué hacen para poder asesorarles sobre su comunicación, lo primero que necesito es conocer su historia, su contexto. Sin embargo, es complicado porque la gente no está habituada a hablar de ello.

El cliente quiere decirte “necesito esto así y así”. Además, abundan las respuestas automáticas que todo el mundo repite sin saber si se aplica o no a su caso “servicio inmejorable” “orientación al cliente”, etc. Por eso es importante definir qué y cómo preguntamos al cliente.

El artículo da una clara recomendación:
Pide historias, no respuestas.

“Una forma de ir más allá en una pequeña charla es hacer preguntas abiertas. Trate de hacer preguntas que inviten a la gente a contar historias, en lugar de dar suaves y monosilábicas respuestas”.