Seguramente haremos alguna escapada en estas semanas pero, mientras tanto, menudos viajes me estoy pegando.

Hacía tiempo que tenía la lectura aparcada. Siempre me ha gustado vivir rodeada de libros. Me dan paz y tranquilidad, son como historias que están ahí en stand by esperando a que alguien las lea. Puedo abrir uno de ellos y adentrarme en una gran historia o leer algo que me dejará pensando durante días.

Miro los libros que tengo a medio y me imagino a los personajes medio enfadados diciendo “¿nos echas de menos ya?” o una abadía de monjes repicando las campanas para ver si Laura se decide a mirarlos y retomar su lectura.

Los he cogido con ganas. Han sido meses intensos de trabajo.

A ver si continuo y me habitúo a leer un poquito todos los días. Aunque sea por aquello de que para escribir hay que leer.

Pues eso, vamos a viajar!