moma_cartierEl otro día buscaba ejemplos de empresas que aportan dinero a los museos como mecenas. Me interesa porque tengo un cliente museo y porque cada vez tengo más claro que dicha aportación tiene que tener un sentido y un por qué muy claro. No puede responder simplemente a un lavado de cara de la empresa o a un acto de gratuidad o, peor aún, de caridad. Los museos tienen mucho que decir y ofrecer a las empresas. Sólo es cuestión de encontrar la conexión, la necesidad común.

Algunos ejemplos interesantes que encontraba son estos:
Una marca de agua que patrocina la reconstrucción de la Fontana di Trevi (no es museo pero es patrimonio); una conocida marca de coches de consumo masivo que ayuda al MOMA a democratizar el arte; una marca de joyas que promueve una visión retrospectiva de la moda italiana y su glamour desde la 2ª Guerra Mundial hasta nuestros días; una empresa de transporte que te conecta con el museo y con descuentos a sus exposiciones temporales; una firma de calzado y complementos que dice compartir los valores de Leonardo da Vinci y decide hacerle un homenaje en el Louvre o el curioso patrocinio de una exposición de polillas por parte de una marca de ropa en el American Museum of Natural History.

Y estos ejemplos me llevaban a la idea de que ser mecenas de un museo te puede llevar a:
1. Ayudar a contarte mejor: que las empresas pueden utilizar el mecenazgo para reforzar el relato que quieren contar y hacerlo tangible a la sociedad, dándole un formato cultural que los ciudadanos puedan consumir. Esto es, un campo de experimentación para la estrategia de comunicación de las empresas.
2. Detectar nuevos mercados: como dice Juan Urrutia, el mecenazgo debe dejar de ser visto como un acto de grauidad y empezar a verse como una herramienta para crear mercados que, de momento, son invisibles.
3. Formar parte de la agenda de los usuarios: Como dice Marc Sands, director de comunicación y audiencias de Tate en esta entrevista, vincular el contenido del museo con las fiestas y celebraciones que tienen lugar en nuestras casas: Halloween, las visitas familiares de navidad o el año nuevo chino. ¿Qué está celebrando el ciudadano londinense en la calle? Bueno, pues si queremos que nos sientan parte de su agenda, relacionémonos con ella.

Museo como nodo relacionador

Vamos que con este planteamiento no estoy diciendo que el museo tenga que convertirse en un festival de marcas que ponen su logo en la puerta y ya, sino que el museo puede convertirse en un nodo relacionador entre la iniciativa privada y los potenciales visitantes del museo. Y para ello, cada interacción que tiene una empresa con el museo tiene que responder a algo que acabe impactando en contenidos de interés para el usuario del museo.

Y claro, todo esto supone un sobreesfuerzo al museo, pero que merece la pena porque puede a ayudarle a definir una estrategia de financiación más autónoma y menos dependiente del Estado, lo cual, viendo la que está cayendo y entendiendo que, cada vez más, el Estado tienen que funcionar como infraestructura básica, son pasos andados. Además, pensarse de forma más autónoma puede llevarles a reinventase como instituciones.

Como decía en un post que escribí hace años:

Los museos de historia antigua ofrecen verdaderos retos para conectar con diferentes usuarios. Sacar la historia a la calle, pensar sobre qué nos puede enseñar un museo sobre historia antigua para resolver los problemas más actuales, en qué situación similar se vio un emperador romano cuando vivió una situación parecida al contexto actual; o enseñar a investigar a los niños compartiendo los procesos de investigación del propio museo. Debemos crear entornos emocionantes que generen retornos lúdicos, basados en el entretenimiento (…) Entender al ciudadano como lo que es, un potencial activador cultural de sus recursos.

Y es que quizá ha llegado el momento en el que los museos aprendan a relacionarse con nosotros y no nosotros con los museos.