A veces tengo la sensación de que parece que estamos construyendo todo de cero, nuestro oficio, nuestras metodologías, nuestro mercado… puede resultar agotador pero realmente es muy interesante, porque no solo disfrutas del resultado (ganar autonomía haciendo lo que te gusta) sino también del proceso.

Pero sobretodo me doy cuenta de que muchas de nuestras reflexiones actuales y que nos están abriendo interesantísimos caminos parten de la negación de algo, de la disonancia con lo establecido, de la negatividad que nos genera.

Y leyendo a John Holloway he conseguido darle sentido a esta negación y ver cómo la estamos convirtiendo en una oportunidad para pensarnos de nuevo. Esto lo enlazo con lo que decía Ester el otro día del conflicto enter el “deber ser” y el “somos”. Al final qué separa a ambas? Una disonancia, algo en la que ya no estamos de acuerdo porque A)Ya no se puede ser lo que se esperaba de nosotros B)Tampoco queremos ser lo que se esperaba de nosotros. Siempre me queda la duda de qué habría pasado si hubiera nacido 10 años antes. Siendo honesta creo que habría hecho algo parecido a lo de ahora porque la cabra siempre tira al monte 😀

Copio aquí un trocito de Holloway. El tono es intenso pero me gusta la esencia del discurso: Tenemos que volver a teorizar el mundo desde la perspectiva del grito (grito entendido como ese “no estar de acuerdo con algo”).

Lo más sensato parece ser olvidar nuestra negatividad, desecharla como una fantasía de juventud. Sin embargo el mundo empeora, las desigualdades se vuelven más patentes, la autodestrucción de la humanidad parece estar más cerca. Entonces, quizás no deberíamos abandonar nuestra negatividad sino que, por el contrario, deberíamos intentar teorizar el mundo desde la perspectiva del grito.

Y Holloway cotinua diciendo:

Nuestro grito es un grito de frustración, es el descontento de quien no tiene poder. Pero si no tenemos poder, no hay nada que podamos hacer. Y si intentamos volvernos poderosos fundando un partido, levantándonos en armas o ganando una elección, no seremos diferentes de todos los otros poderosos de la historia. Entonces, no hay salida, no hay rupturas en la circularidad del poder. ¿Quépodemos hacer? Cambiar el mundo sin tomar el poder.

A mí, que peco a veces de ser un poco negativa, me ha gustado esta visión de la negatividad como un punto de partida desde el cual, empezar a construir lo que me gusta, no con el afán de imponerlo a otros, sino para cambiar mi mundo y darle así más sentido a mi vida. Quedarse en la queja no es suficiente. No estás de acuerdo con algo, construye de nuevo.