¡Qué buena noticia hoy leyendo un artículo de John Robb! Lo publicaba el pasado 28 de agosto y aunque me pillaba en mitad de unas mini-vacaciones lo tenía marcadito para leerlo. En él habla de un cambio de tendencia en lo que se refiere a la deslocalización de la fabricación, ese fenómeno que ha hecho que muchas empresas hayan enviado sus plantas de fabricación al extranjero por la ventaja en cuanto a costes. Pero como era de esperar, esto está cambiando y Robb habla del caso concreto de China y de 2015 como fecha en la que los costes de fabricar en China serán los mismos que los de fabricar en EE.UU.

Y me gusta porque con ese cambio de tendencia habla de la importancia del prototipado, del diseño, temas que, hasta hace poco, eran exclusivos de los grandes, solo al alcance de los que tienen grandes laboratorios de prototipado… pero todo esto cambia con la impresión 3D. Por tanto, la revolución de los pequeños es todavía más palpable.

Pero, ¿por qué es buena noticia para mi? Pues porque en mi mente rondan muchos proyectos en los que la fabricación vuelve a estar cerca, en la que los makespace son vitales para cualquier empresa y porque confirma de nuevo que el mundo será cada vez más de los pequeños. Y claro, Reding y su entorno es parte de esos pequeños 😀

También habla de una tendencia al consumo local ya que “los consumidores exigen productos locales” y apoyándose en diversos estudios, viene a decir que la gente entiende que comprando productos hechos en su comunidad están apostando por mejorar su entorno ¿y no es eso muy cierto? Y esto es una buenísima noticia en mitad de la crisis que está experimentando el Desarrollo Local que se hace dentro de las administraciones. Y esto también me gusta porque nos convierte a todos y cada uno de nosotros en potenciales agentes generadores de desarrollo, a los emprendedores, pero también a los fabricantes, comercios de barrio, etc. Solo hay que preguntarse ¿qué ideas tienes en mente?

Recuerdo cuando acaba mi carrera y, por algún trabajo de clase, tuve que entrevistarme con empresarios de la zona. La deslocalización era algo inevitable pero al mismo tiempo no era costeable. La creencia en que esa era la única salida hizo cerrar a muchos por aquí. Eso me lleva a pensar dos cosas: nada es para siempre y por tanto el cambio es impepinable, y todo cambio de tendencia es un mar de oportunidades. Pensemos pues.