Estos días estoy terminando de leer “La era del diamante” de Neal Stephenson. La verdad es que he bajado el ritmo porque, como me pasa siempre con los libros que me gustan, ¡no quiero que acabe! Más allá de las críticas que he leido sobre la caótica concepción de la nanotecnología, la dificultad del nivel de detalle de los ambientes, etc., el libro es una pasada. La idea de aprender el mundo desde un libro interactivo me encantó desde el principio. De hecho, así me siento a veces con mi portátil o mi movil, como una niña que aprende todo lo que quiere, a su ritmo y según sus intereses y preguntas. Y la verdad es que esto tiene un toque subversivo. Incluso ahora que mis hermanos en su adolescencia ya tienen moviles y acceso a internet casi 24 horas, ¿quién les priva de aprender lo que quieran? ¿estarán sustituyendo a mi madre/padre con Internet? Muy posiblemente en muchos temas…

Por resumir un poquito el libro para aquellos que no lo conozcáis (atención SPOILER), “La era del Diamante” tiene como principal protagonista a una niña, Nell, que vive en un peligroso Shanghái del futuro donde la nanotecnología está por todas partes. Por casualidades del destino (y esta es otra gran trama), este libro va a parar a Nell, una niña china pobre. El libro no es cualquier cosa. Se trata de un libro interactivo que se adapta automáticamente a las necesidades del lector. A partir de ahí, Nell que vive en un barrio pobre y deprimido empieza a experimentar toda una serie de aventuras y aprendizajes fruto de su interacción con el libro. Básicamente Nell aprende desde libertad y el ritmo que le marca su propia curiosidad. Una bomba de relojería en una sociedad basada en el control.

Quizá uno de los conceptos que más fuerza tiene en el libro es la idea del aprendizaje experiencial. La persona que idea el libro “Manual ilustrado para jovencitas” es un acaudalado abuelo neovictoriano que parte de la siguiente reflexión:
“En orden a educar una generación de niños que puedan alcanzar todo su potencial debemos encontrar una forma de hacer que vivian vidas interesantes. Y la pregunta que tengo para usted, señor Hackworth,es: ¿cree que nuestras escuelas lo consiguen?”

Como dice David:
“Lo importante del Manual Ilustrado es que, alimentado por una inteligencia artificial, interactúa de modo personal y distinto con cada niña que lo utiliza, contándole diferentes cuentos, sometiéndole a distintos problemas que relacionan su experiencia presente, sus necesidades de supervivencia, con los hitos y las leyendas de la vida de la comunidad en la que fue creado.”

Me encanta cuando más adelante en el libro, encontramos a una Nell mucho más madura, y ella misma opina del manual:
– ¿Qué camino vas a tomar, Nell? – dijo el condetable, parecía interesado -. ¿La conformidad o la rebelión?
Ninguno de los dos. Los dos son simples… son para gente que no puede manejar las contradicciones y las ambigüedades.
– ¡Ah! ¡Excelente! – exclamó el condestable (…)
– Sospecho que lord Finkle-McGraw, siendo un hombre inteligente, ve todas las hipocresías de su sociedad, pero mantiene sus principios igualmente, porque es lo mejor a la larga. Y sospecho que ha estado preocupándose sobre cómo inculcar mejor ese punto de vista en los jóvenes que no pueden entender, como él, los antecedentes históricos… lo que podría explicar por qué se ha interesado por mí. Para empezar, el Manual ha sido idea de Finkle-McGraw… una primera aproximación para tratar el problema sistemáticamente.
(…)
– ¿Qué vas a hacer contigo misma, ahora que lo has deducido todo? Unos años de educación y pulido te colocarán en posición de prestar el Juramento.
– Sé, por supuesto, que tengo perspectivas favorables en la phyle atlante – dijo Nell -, pero creo que no sería adecuado para mí recorrer el camino recto y estrecho. Ahora voy a China a buscar fortuna.

Y este enfoque del aprendizaje experiencial me parece muy potente para un proyecto que llevamos meses germinando. Se trata de un proyecto de divulgación histórico-científico de Jorge Juan y Santacilia (Novelda, 1713 – Madrid, 1773), del que en enero de este año se cumplió el tercer centenario de su nacimiento y ha vuelto a ser noticia.

Jorge Juan y Santacilia fue marino, diplomático y científico ilustrado del Siglo de Las Luces, aunque tambíen es conocida su labor como espía para reyes como Felipe V. Nacido en Novelda (Alicante) sus trabajos y años de experiencia le valieron para ser admitido como miembro de la Royal Society de Londres y de la Real Academia de Ciencias Francesas, trabajó como espía en Londres y rediseñó el sistema de construcción de los barcos españoles renovando la flota y los astilleros del Marqués de la Ensenada. Pero quizá su mayor misión fue su participación en la gran expedición científica del siglo XVIII para para medir un grado del arco del meridiano terrestre a la altura del Ecuador y determinar la forma del mundo, de la que resultó el sistema métrico decimal y la longitud del metro. Además, Felipe V mandó a Jorge Juan y a Antonio de Ulloa otras misiones secretas como conocer de primera mano el estado real de sus pueblos de ultramar, la situación política y social que administraban sus enviados. Por otro lado quería tener bien vigilados a los académicos franceses para impedir que llevasen a París informaciones vitales que no debían caer en manos del Gobierno de París.

Bueno, pues partiendo de un personaje como Jorge Juan, una primera idea ha sido desarollar unas unidades didácticas para diferentes curso de primaria y secundaria a modo de complemento de asignaturas como Historia o Conocimiento del Medio, prinicipalmente en los colegios e institutos de Novelda. Sin embargo, dadas las posibilidades que ofrece tanto la vida y obra de Jorge Juan y la oportunidad que ofrece el aprendizaje experiencial, lo suyo sería ir más allá. Sacar el proyecto de Novelda, de las aulas, saber integrarlo en los nuevos entornos de aprendizajes de los jóvenes, hacerlo planteándoles un reto asociados a nuestro tiempo, estimular su curiosidad, buscar mecenas y patrocinadores…

Vale, no podemos diseñar un libro interactivo donde uno de los personajes sea Jorge Juan pero… sí sería interesante reflexionar sobre cómo podemos desarrollar un programa de aprendizaje experiencial para conocer su vida y obra, pensar en herramientas de divulgación a nuestro alcance o en retos de este siglo que podríamos abordar. Quizá, tras experimentar todo esto, leeríamos con ansía la vida y descubrimientos de Jorge Juan y entonces a la asunción de los valores de un personaje como Jorge Juan dejará de ser cultural para ser experiencial.