Hace relativamente poco saltaron a los medios un par de ejemplos de cómo la publicidad va poco a poco invadiendo el espacio público de forma más o menos amistosa.

Un ejemplo es la polémica camiseta del Barça que Nike con hizo poner a la estatua de Colón en Barcelona con el consentimiento del Ayuntamiento de Barcelona.

Otro, el reciente patrocinio de Vodafone de la estación de Sol en Madrid.

Luego en otros países podemos ver otros ejemplos con IBM por decir uno..

El otro día leía en la Era del Diamante el siguiente fragmento que me recordaba mucho a esto:
“La exposición continua a ese tipo de anuncios producía cansancio mediatrónico en la audiencia. En lugar de desconectarlos y dejar en paz a la gente de vez en cuando, los propietarios se habían embarcado en una especie de carrera de armamento, intentando descubrir la imagen mágica que haría que la gente ignorase los otros anuncios y se fijase exclusivamente en los suyos. El paso evidente de hacer los mediatrones más grandes que los otros se había llevado al extremo. Algún tiempo atrás el tema del contenido se había fijado: tetas, ruedas y explosiones parecía lo único que llamaba la atención de los grupos de receptores profundamente distraídos aunque, de vez en cuando, jugaban la carta de la yuxtaposición y ponían algo congruente, como una escena natural y un hombre con un jersey negro de cuello alto leyendo poesía (…)”

¿Es eso hacia donde nos dirigimos? Personalmente no me gustaría.

Me gusta la idea de que cada vea las marcas puedan vincularse en mayor medida en problemáticas o necesidades concretas de una comunidad real. Quizá debiéramos hablar más, en este caso, de Relaciones Públicas que de Publicidad por aquello de que al final lo que queremos es relacionarnos de manera comercial. Y quizá es una cuestión más de imaginación comercial que de publicidad invasiva.

Recuerdo en la carrera haber estudiado esto, el cómo sería la publicidad del futuro (nuestro presente era el futuro en 2003) y recuerdo que nos recomendaron ver Minority Report. Las escenas donde las vallas publicitarias hablaban a la gente leyendo su retina era sencillamente espectacular pero… ¿son los casos de más arriba ejemplo de ello? Recuerdo que se nos preguntó cómo sería la publicidad del futuro e incluso si existiría la publicidad en el futuro tal y como la conocemos. Parece que la publicidad se está volviendo cada vez más invasiva y más a gran escala que nunca, y muestra de ello son los ejemplos de arriba, donde se buscan puntos de la ciudad con mayor tránsito de gente donde apropiarse de monumentos o servicios públicos e impactar al mayor número posible de personas. He ahí la gran escala.