Siguiendo a David, Juanjo y a Ester en el homenaje, publico una de las ideas que más han hecho retemblar los cimientos de mi cabeza en la manera de abordar una situación o proyecto. Lo hago aludiendo a Foucault, del que hoy hace 29 años de su muerte. Es una oda al rechazo a las comunidades imaginadas, y una apuesta por la comunidad real. Para mi, es una forma de liberación que aconsejo experimentar y la semilla para pensar de otra manera.
«Hablar de un «conjunto de la sociedad» fuera de la única forma que conocemos, es soñar a partir de los elementos de la víspera. Se cree fácilmente que pedir a las experiencias, a las estrategias, a las acciones, a los proyectos tener en cuenta el «conjunto de la sociedad» es pedirles lo mínimo. El mínimo requerido para existir. Pienso por el contrario que es pedirles lo máximo; que es imponerles incluso una condición imposible: puesto que «el conjunto de la sociedad» funciona precisamente de manera y para que no puedan ni tener lugar, ni triunfar, ni perpetuarse. «El conjunto de la sociedad» es aquello que no hay que tener en cuenta a no ser como objetivo a destruir. Después, es necesario confiar en que no existirá nada que se parezca al conjunto de la sociedad».

Y como sé que tambíen la ha puesto David, añado otra:
«Todo el pensamiento moderno es permeado por la idea de pensar lo imposible».

Porque pensar en lo imposible puede ser nuestro mejor método de indagación. Así que, pensemos en lo imposible (hoy) desde nuestras comunidades reales…