Mi madre es una emprendedora artesana, hace sus cositas de patchwork y el otro día asistimos juntas a este evento. Allí, pese a que se habló mucho de marca personal y fans y poco de artesanía y blogs, me moló mucho una reflexión que salió motivada por una pregunta que precisamente hizo mi madre (que es un poco pro en lo suyo). Ella preguntó algo tan simple y tan espectacular como “¿Y cómo ponéis precio a lo que hacéis?, matizando que ella cree que vende muy barato y los clientes piensan que es muy caro. ¿Cuál es el precio justo de lo que haces? La respuesta, tras comentar que hay que contabilizar las horas, los materiales, etc, se centró en una cosa que me pareció muy interesante y que me dejó pensando. Y lo que le dijo fue: ¿En qué medida crees que lo que haces le soluciona la vida a las personas o se la hace más fácil, o simplemente les hace más felices en su día a día? 

Pues sí, creo que es una muy buena clave para presupuestar nuestro trabajo. Es decir, no es lo mismo un broche o algo que tiene una función más bien estética y que, estirando mucho te puede complementar un look y darle un toque más guay.. pero nos movemos en la estética; que algo como las “bolsitas aromáticas” (para que los antipolillas no manchen la ropa) o un “libro de agujas” (para tener todas las agujas todas guardadas en un librito), que tienen una función y una utilidad muy clara. Resulta que son pequeños productos reinterpretados, personalizados y hechos a mano por alguien que conoce muy bien qué hace falta en esas situaciones. Como cuando Amelie inventaba pequeños detalles para hacer felices a las personas… pues así.

Con todo esto voy a parar a la siguiente pregunta: ¿tiene sentido que pensemos en estos términos estética/utilidad para presupuestar lo que hacemos? Es decir, no tanto desde lo que nos ha costado a nosotros, sino de lo que permitirá a nuestro cliente. Lo sé, es complejo y no digo que haya que obviar los costes, pero quizá pensar así nos ayude incluso a transformar nuestros productos/servicios en lo que nos gustaría que fueran. Y claro, aquí la pedagogía que nos toca hacer de lo que vendemos y asegurar que el cliente lo utilice en nuestros términos implicará un seguimiento importante… ¿que opináis?