El otro día me decía un cliente enojado que tanto hablar de redes y de no trabajar solo y él no les encontraba el sentido. Y me lo decía sobretodo porque pertenece a varias asociaciones de empresas (bajo temáticas concretas: ruta del vino, asociación de comerciantes, etc..) que al final acaban organizando actividades que solo benefician a unos pocos, que son los de siempre. Además, y sin querer generalizar, todos conocemos la naturaleza de estas organizaciones que en época de vacas gordas se dedicaban a gestionar subvenciones que se fueron en inversiones que hoy no tienen mucho sentido (no han sido muy resilientes la verdad…). Por tanto, existe una clara perversión del concepto de red y su efecto, de las redes basadas en comunidades que se crean para ser más fuertes en un entorno, potenciar la imagen de un territorio, sus recursos endógenos, etc.

La máquina de destruir significados llega muy lejos y algunos la utilizan más que conscientemente. Saben que “la red, lo comunitario, el ser muchos para ser más fuertes” atrae a las organizaciones, pero lo que hacen luego con estos conceptos, dista mucho de su sentido original. Esto me conecta con el debate de la estética (querer parecer algo) y la ética (trabajar por algo o ser algo) que ya hemos conversado…

Para nada me interesa analizar la perversión que se hace de su uso, pero pensando en positivo no puedo evitar hacerme la pregunta: ¿no hay aquí un gran nicho de pedagogía sobre lo que son y no son las redes y el trabajar para/con una comunidad real?