El otro día hablando con José Abellán, comentábamos el potencial de la comunidad real para desarrollar un proyecto como Tropos, trabajar con un público específico en mente: posibles workshops, formación-acción, posibles patrocinadores/sponsors, estrenos distribuidos… Tras más de un año de trabajo, una campaña de crowdfunding y una primera temporada piloto, ya disponemos de una comunidad real de gente a nuestro alrededor, de la cual, además empezamos a conocer con qué ojos nos miran.

Pero no solo estamos pensando en la comunidad orgánica que hemos generado, sino en aquellas a las que podríamos movilizar, por compartir intereses, pasiones, aprendizajes, experiencias. Como dicen aquí los del El Cosmonauta:
“Parte del éxito de “El Cosmonauta” ha sido unir comunidades que ya existían: los fans de la ciencia ficción, los “espaciotrastornados” (comunidades de amantes del espacio y la astronáutica), los defensores de la cultura libre, la comunidad rusa, los nostálgicos del mundo soviético, los videojockeys que remezclan vídeo… ¿porqué no haces team-up con colectivos de tu localidad afines a “El Cosmonauta”? Pueden ayudarte a correr la voz, aportar su comunidad de fans y darte nuevas ideas para hacer el evento distinto.”

Trabajar con y para una comunidad real puede ser apasionante. Además de que te invita a pensar en el alcance, más que en la escala, desarrollando una comunicación directa con tus usuarios, evitando intermediarios y, en definitiva, conversando con tu comunidad. Como indicaba David en este post:
“Para superar la actual crisis financiera e industrial y caminar hacia la sociedad red, la clave está en la sustitución de escala por alcance. Y el alcance a las finales tiene que ver con la potencialidad de las redes distribuidas y la capacidad de cada cual para crear conocimiento y cohesión a partir de ellas. Lo que nos lleva inevitablemente, a pensar nuestro proyectos en términos de modelo de producción p2p, entre pares.”

El potencial de la comunidad real la veo también muy claramente con el ejemplo de la revista Orsai que el otro día comentaban en Artica. Recomiendo ver la charla de Hernán Casciari de TEDx Río de la Plata, donde dice cosas como:
“Las decisiones culturales empiezan a estar de nuestra mano. La industria de la cultura somos los autores y los lectores, y nadie más. La otra industria es la que teme a los cambios, la que intenta hacer creer que internet es un lastre, la que está muriendo”.

Otro ejemplo que me llama la atención era el del periódico holandés ‘De Correspondent’ que, pese a dirigirse a un pequeño país como es Holanda, ha recaudado vía crowdfunding un millón de euros en ocho días. Se trata de un diario online que apuesta por el periodismo de calidad, de lectura sosegada, con abundantes piezas de análisis en profundidad y sin anuncios, ya que serán los propios lectores los que financien el medio a través de las suscripciones.

Explotar el potencial de la comunidad real supone un reto en cualquier ámbito, pero quizá más en el cultural, donde durante mucho tiempo las grandes escalas han privado a los actores pequeños, o con una escala de producción menor, el creerse parte del mercado.

Con este marco de ideas, seguimos pensando…