El pasado viernes asistí a las Jornadas de la Estrategia Territorial de Villena + innovación, un proyecto con el que se pretende diseñar una hoja de ruta para Villena de manera participativa con sus propios ciudadanos.

En el marco de las jornadas, una de las ponencias corrió a cargo de Juan Ángel Balbás, Gerente de DEBEGESA, la Sociedad para el Desarrollo Económico de Debabarrena, Eibar (Guipúzcoa). Su charla se enfocó a la necesidad de mejorar la industria local y hacerla más competitiva en el actual mercado global. Al final de la charla, un reconocido empresario de Villena, le preguntó sobre el riesgo de abandonar las industrias locales y basar el modelo de desarrollo económico de un municipio en las empresas y multinacionales extranjeras, las cuales, mantienen un vínculo meramente económico con el municipio y cuando algún factor de la cadena de producción deja de ser rentable, sencillamente se marchan. El ponente argumentó sobre la necesidad de liderar estas industrias locales, habló de conceptos como retener el talento, inculcar nuevos valores a los empresarios y aumentar la competitividad de nuestras industrias.

En Villena, donde el sector del calzado ha tenido un peso muy importante en la economía local, el mercado chino se percibe como un gran enemigo que ha mermado en gran medida su crecimiento en estos últimos años.

La palabras de este empresario representan un sentimiento local muy vivo sobre dicho mercado, y la contestación del gerente de DEBEGESA, una potente línea de trabajo, que me llevan a una doble reflexión:

Reflexión 1: ¿Qué debemos cambiar en nuestras industrias?
No podemos seguir compitiendo como siempre y tampoco se trata de refundar nuevas industrias porque las tradicionales ya no funcionan. La tradición industrial de un lugar tiene mucha importancia, pero el estancamiento, la fuga de profesionales, la no definición de estrategias de actuación, la falta de ética, la estrategias definidas por consultoras desde un despacho y un largo etcétera… ha llevado a gran parte de las industrias tradicionales a la parálisis. Por tanto, debemos mejorar nuestras industrias tradicionales y hacerlas competitivas en el contexto actual, y eso se traduce en Economía del Conocimiento. Pero ¿cómo traducir este concepto en nuestro ámbito local? Como decía David estos días, “para salir de la crisis, la industria superviviente debe apostar por mejorar su propia productividad  incorporando servicios avanzados: inteligencia, software, diseño industrial…”. Y remarcaría aquí la capacidad relacional de una organización. Pero ojo, esta transición a la Economía del Conocimiento, supone no tanto un coste en tecnologías sino un cambio cultural y organizacional mucho más barato económicamente, pero mucho más costoso emocionalmente para unas identidades (la propiedad, el liderazgo, el accionariado, el industrial, la clase trabajadora, el empresario…). Y sobretodo, asumir que “la economía del conocimiento supone pasar a vivir en una conversación social distribuida y asumir nuevos valores“. Algo así estamos comenzando a promover en Yecla con la industria del mueble. Y como muy bien indica Ester, para ello, primero habrá que aprender a conversar

Reflexión 2: ¿Debemos enfocar el mercado chino más allá de una amenaza?
Es un sentimiento muy común el no afrontar los cambios y que surja un sentimiento de rencor hacia quienes comienzan a quitarte el mercado. Pero, ¿estamos eligiendo bien el enfoque para mirar al mercado chino? Me confirma lo contrario esta noticia, de la que extraigo algunos fragmentos:
“El mercado chino acepta muy bien el producto extranjero porque el producto propio es de mala calidad, y la clase media está preocupada por la salud de sus hijos y por la suya. Valoran la alimentación sana, el calzado cómodo, los productos de belleza, etc.”.

Es decir, el surgimiento de la clase media y con poder adquisitivo en China ofrece una oportunidad para nuestras industrias, aquellas pequeñas y medianas empresas que aporten calidad y “un relato” a sus productos. Como apunta la noticia “Los chinos valoran mucho los productos que tienen una historia detrás, una historia larga e interesante, bien de la empresa, bien del empresario o bien del producto”.

Por tanto, quizá debemos poner el foco en mejorar nuestras industrias y trabajar su valor añadido para dejar de ver al mercado chino simplemente como amenaza y comenzar a verlos como palanca para nuestro propio cambio.